Thursday, March 4, 2010

Aventuras en correos

La semana pasada, fui a la oficina de correos en la Avenida de la Constitución. Era muy grande y cuando entré, no sabía que hacer. Miraba a la izquierda y a la derecha. ¡Estaba muy confundida! La oficina de correos en mi pueblo es muy pequeñita y solamente se tiene que ponerse en la cola. Pero, en esta oficina, había muchas opciones diferentes. Pregunté a una guardia de seguridad que debía hacer y, después de que él se reía de mi, me ayudó.

Después, estaba sentando cuando un hombre raro de cincuenta años, más o menos, sentaba demasiado cerca de mí y me dijo, “Hola, ¿estás norteamericana?”

“Sí,” le dije, y empecé explicar que estaba estudiando en España por el semestre y estaba quedando con una familia española, etc. “Quiero mandar unos postales a mi familia y a mi novio pero este banco es muy grande y…” yo dije, continuando.

“Esta es una oficina de correos…” me dijo.

“Sí, sí,” le dije, y continuaba hablando.

Él me miró como si yo estuviera loca y dijo, “Tengo que ir, hasta luego.” No sabía por qué había salido tan rápidamente. Él tenía mucho interés en mí pero de repente, él salió. Pensaba en la conversación, y solté una carcajada. He dicho “banco” en vez de “oficina de correos.” Claro, yo sé la diferencia entre los dos, pero no sé porque he dicho la palabra equivocada.

Pues, tengo un consejo: si quiere quitarse de encima de una persona rara, simplemente tiene que hablar como una persona demente. ¡No lo hice a propósito, pero ahora sé que funciona muy bien! :)

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