El gran mural pintado junto a la puerta de entrada del Instituto de Enseñanza Secundaria Ramón Carande está desconchando. El mural representa el rostro del insigne geógrafo y humanista sevillano del siglo XX que da nombre al instituto y éste se encuentra situado en la calle Alfonso Lasso de la Vega, en la linde del Polígono Sur, o Tres Mil Viviendas, barrio marginalizado y pobre de la periferia sur de Sevilla.
Antes de entrar en el edifico atravesamos un jardín casi abandonado. Un gato negro baja por las escaleras. Entramos en una aula en la que hay una pizarra grande, unos cuantos pupitres, algunos ordenadores y ocho estudiantes que están ahí esperándonos a nosotros. Conversamos con Francisco Borrego Velo, de quince años y que luce para la ocasión una chaqueta de chándal de color verde vibrante. También lleva un piercing sobre su labio superior. Gabriel Amat Ruiz, tiene dieciséis años y, a juzgar por su indumentaria de hoy, también le gustan los chándals. Lleva grandes aretes cuadrados en las orejas.
Francisco y Gabriel tienen mucho en común. A veces se miran el uno al otro y cuchichean y se ríen. Los dos tienen novia, Carmen y Minerva, con quienes pasan mucho de su tiempo libre. Tras ellas están los videojuegos. A Francisco y a Gabriel les gusta estudiar pero coinciden en que sus estudios son difíciles. Hoy prefieren que les hablemos sobre Estados Unidos y la vida allí. Gabriel piensa que es un lugar “bonito” que quiere visitar algún día.
Los dos chicos viven en pisos con sus respectivas familias y comparten sus cuartos con sus dos hermanos, pero no viven en el mismo barrio. Francisco vive en Las Tres Mil Viviendas, mientras que Gabriel vive en un barrio distinto.
En las Tres Mil Viviendas una cuarta parte de la población es gitana. El tren que viene de Cádiz y llega a la Estación Santa de Santa Justa, un par de kilómetros más al norte de la ciudad, separa físicamente y simbólicamente al barrio del resto de la ciudad.
“Es un barrio muy complicado,” dice en el documental Polígono Sur, el Arte de las Tres Mil[1] Padre Adolfo, uno de los patriarcas gitanos más afamados de un barrio que, como el propio documental recoge, es cuna de algunas de las dinastías flamencas también de más fama. El documental nos muestra como, a pesar de la marginación, la pobreza y el azote de las drogas que no deja de cobrarse vidas y de dejar a muchas familias rotas, el flamenco se abre camino desde la misma calle.
Gabriel y Francisco sólo beben alcohol de vez en cuando. “Es ilegal comprarlo”, se apresura a decirnos Francisco, “pero no beberlo”. Beben con sus familias y con sus amigos. Afortunadamente, como tantos otros alumnos del Ramón Carande, están a salvo de las drogas.
La iniciativa de los propios vecinos del barrio es a veces la mejor herramienta de lucha contra la marginación. Muestra de ello es la plataforma de internet “Iguales en Las Tres Mil: Un blog sobre el Polígono Sur de Sevilla,” elaborado por profesores de los departamentos de Filosofía y Expresión Plásticas del I.E.S. Antonio Domínguez Ortiz, ubicado en el barrio. Desde el tratan de concienciar sobre el gran potencial humano del Polígono Sur y fomentan todo tipo de actividades para potenciar “la parte buena” de su comunidad.
En el documental de Dominique Abel sobre el barrio, Rafael Amador, padre los dos componentes del legendario grupo de rock gitano Pata Negra, recuerda que nadie escucha a los gitanos y que sólo los quieren como payasos, para entretener con su cante y su baile las fiestas de los demás.
Sin embargo, ni Francisco ni Gabriel saben como cantar una canción flamenca. “El fútbol es mejor,” dice Francisco con una sonrisa. Los dos son fans del Sevilla F.C..
Otra de las lacras del barrio es el analfabetismo. Muy por encima de la media de Andalucía, hasta una tercera parte de los habitantes del Polígono Sur son analfabetos al menos funcionales, en especial muchos gitanos mayores que nunca asistieron a la escuela.
El futuro pinta de otro modo para Gabriel y Francisco. Después de terminar este año la ESO (Enseñanza Secundaria Obligatoria), ambos piensan continuar estudiando bachillerato. Luego, Gabriel quiere ir a la universidad, pero ahora no sabe qué estudiará todavía ni cuáles serán sus salidas profesionales. Gabriel quiere trabajar de administrativo tan pronto termine su educación en el Ramón Carande.
Encarnación Quiroga, psicóloga y orientadora académica del instituto, comenta que el 35% de los estudiantes que pasan por el Ramón Carande accede a la universidad. Muchos en cambio optan por los distintos programas de Cualificación Profesional Inicial, que los preparan para realizar profesiones de cualificación media como la mecánica, la peluquería, la hostelería, la electrónica, la fontanería, etc. Muchos también acceden directamente al mundo laboral sin titulación.
Cuando se licencie, Francisco quiere quedarse en el mismo sitio. Dice que la gente aquí es muy tranquila. A Gabriel sin embargo le gustaría viajar a otro lugar, pero aún no sabe muy bien dónde.
Cuando acabamos nuestra conversación con ellos, salen disparados para clase. Francisco le baja los pantalones de Gabriel y los dos se ríen. De momento, parecen no tener mayores preocupaciones.

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