Mucha gente inmigra cada año esperando que su situación económica mejore. Conseguir una buena educación para sus hijos es tan solo otra ventaja añadida. Sin embargo, en los colegios andaluces, los alumnos inmigrantes tienen que enfrentarse a retos tanto académicos como sociales.
La habitación está oscura. Hay una conversación y risas. Un bebé ríe inocentemente. De repente, el telón se abre y la multitud enmudece. Veinte niños permanecen en filas, cantando una canción sobre árboles al mismo tiempo que imitan sus movimientos. Se paran a menudo para mirarse unos a otros y recordar así los pasos. Dos avanzan al frente, una de ellas sosteniendo la bandera de China. La otra dice, respirando hondo: “Mi padre es de Valladolid y mi madre de Sevilla y yo soy china. Algunos niños me llaman ‘China’, pero eso es lo que soy. El profesor dice que ellos no son tan inteligentes o guapos como yo”. La multitud aplaude con entusiasmo. “Larga vida a China”, grita ella y sus compañeros la vitorean. Las dos chicas se abrazan antes de volver a la fila.
Ésta es una escena de la obra de teatro Mi clase es multicolor, interpretada por los alumnos de segundo de primaria del colegio Pedro Garfias en junio de 2008. La obra fue escrita y dirigida por la profesora Victoria Sesé Hontanilla. El resto de la obra continúa de la misma forma: estudiantes de Nigeria, Rumanía y Colombia se convierten en el centro de atención, al dar su pequeño discurso que termina deseando una larga vida a su país correspondiente.
Con más de 675.180 estudiantes extranjeros registrados en marzo de 2010, Andalucía es la tercera comunidad autónoma de España con mayor número de inmigrantes. En octubre de 2009, solamente en Sevilla había 11.000 niños extranjeros escolarizados, procedentes en su mayoría de Marruecos y Sudamérica.
El colegio de educación infantil y primaria Pedro Garfias acoge a algunos de estos estudiantes inmigrantes. Se encuentra en un vecindario bastante diverso, en Las Golondrinas, en el barrio de la Macarena, donde “Hay un alto porcentaje de familias inmigrantes. Tiene fama de eso, pero el vecindario es muy diverso”, explica Abdelaaziz Oudidi, el mediador intercultural del colegio. Abdelaaziz se trasladó a España en 1991 para terminar su doctorado, y después decidió quedarse y formar una familia.
Abdelaaziz calcula que de los 300 a 400 estudiantes, entre 30 y 50 provienen de familias inmigrantes, aproximadamente el 10% de la población estudiantil. La mayoría son latinoamericanos y tan solo 5 ó 6 proceden de Marruecos. Sus problemas son los mismos que tiene cualquier otro estudiante cuando va a un colegio nuevo, señala Abdelaaziz. “Algunas veces no conocen la lengua, pero como son jóvenes la aprenden rápida y fácilmente”.
Eduardo Rico Villada de 18 años se mudó con su familia de Bogotá a Sevilla hace nueve meses. “En Colombia no teníamos futuro ni tampoco dinero”, comenta Eduardo. “Allí teníamos también problemas con la guerra. Mi primer día de clase fue horrible, porque no conocía a nadie y estaba solo”, recuerda Eduardo con cara de inocencia. Él va al instituto Ramón Carande donde el 8% de los estudiantes son de otros países.
El centro escolar se encuentra cerca de su barrio, Las Tres Mil Viviendas, ubicado en el sur de Sevilla. “La gente que vive allí siempre mira a mi familia como si fuesen distintos, como dos partes distintas”, señala Eduardo. Las Tres Mil Viviendas, en el Polígono Sur, es un barrio muy conocido debido a la población gitana. La situación de Eduardo es irónica, ya que él se siente rechazado en una vecindad a la que no dan la bienvenida muchos sevillanos.
Pese a ello, Eduardo cree que la situación en Sevilla es mejor que en Colombia. “Aquí el colegio es gratis y hay mucha ayuda para los inmigrantes, especialmente para los latinos”, comenta Eduardo, aunque no ha recurrido a esta ayuda personalmente.
En Andalucía hay muchos programas dedicados a la integración de inmigrantes en la sociedad española. El gobierno autónomo aprobó el primer Plan Integral para la Inmigración en Andalucía en 2002.Un segundo Plan se llevó a cabo desde el año 2006 al 2009, con un presupuesto de 1.400 millones de euros. El tercero se instauró en marzo de 2010 y seguirá en vigor hasta 2014, aunque la cantidad que se va emplear todavía está por determinar.
El plan ayuda a los inmigrantes en 11 áreas, siendo la educación una de ellas, con el objetivo de crear “un clima social de convivencia, respeto y tolerancia... no solo en el ámbito educativo sino también en las comunidades de vecinos”.
No obstante, esta política no ha ayudado siempre a mejorar el clima social, como es el caso de Eduardo en Las Tres Mil. “Hay mucha gente que piensa que está bien que vivamos allí, pero los jóvenes, la mayoría gitanos, siempre me molestan. Estoy asustado pero no puedo exteriorizarlo porque entonces pensarían que soy tonto”, afirma Eduardo.
En enero de 2010, un estudio llevado a cabo por la profesora Antonia Olmos Alcaraz del Departamento de Antropología de la Universidad de Granada demuestra que hay “un nuevo racismo” hacía los estudiantes inmigrantes en el aula. Se les ve como algo negativo, como “un problema”. “Algunas personas opinan que los estudiantes inmigrantes interfieren en las clases normales”, apunta Abdelaaziz.
“La exclusión social no es un problema en el colegio Pedro Garfias porque los alumnos todavía no pueden percibir las diferencias entre ellos”, añade el mediador intercultural. “Sin embargo, en situaciones sociales, los grupos se forman de manera discriminatoria. Por ejemplo, en el parque, los latinoamericanos permanecen en un grupo mientras que los africanos se reúnen en otro distinto”.
Para muchos, esto es una forma de autodefensa. “No me gusta que la gente, por lo general, se junte con otras personas como ellos… Pero, por ejemplo, yo soy latino y llegué nuevo; si no hubiese otros latinos en el colegio, no sé lo que haría”, comenta Eduardo. Aunque él tiene algunos amigos españoles, la mayoría de sus amigos son de Ecuador, Paraguay, Perú y Argentina.
“Mi vida aquí ha mejorado”, comenta Eduardo, “pero para otros amigos no ha sido así. Siguen peleándose con los gitanos y los españoles. Quieren asustarnos y hacer que nos marchemos, pero yo soy latino y me siento orgulloso”.
Los alumnos de segundo de primaria del Pedro Garfias parecen tener la solución. Tal y como la obra se acerca al final, un grupo de estudiantes dice: “Todos somos iguales en el interior, pero si hay problemas todos cantamos esta canción: ‘amigos… sí, peleas… no’”. El canto termina. El público aplaude mientras los estudiantes se abrazan unos a otros.

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